Nacimiento e infancia
Apolodoro, Biblioteca II, 4, 6 s.
(trad. M. Rodríguez de Sepúlveda, Madrid, Gredos, 1985)
Reinando Electrión en Micenas llegaron los hijos de Pterelato con algunos tafios y reclamaron el reino de Méstor, su abuelo materno; al no acceder Electrión le robaron el ganado, y cuando sus hijos trataron de impedirlo, los desafiaron y se mataron unos a otros... Electrión, deseoso de vengar la muerte de sus hijos, entregó el reino a Anfitrión, juntamente con su hija Alcmena, haciéndole jurar que la mantendría virgen hasta su regreso, y se dispuso a guerrear contra los téleboas. Pero mientras recogía las vacas, una lo atacó, y AnfitriónAnfitrión con Alcmena... llegó a Tebas, donde, purificado por Creonte... Alcmena dijo que se casaría con Anfitrión después que fuera vengada la muerte de sus hermanos, y Anfitrión, habiéndoselo prometido, se aprestó a luchar contra los teléboas, e invitó a Creonte a ayudarle....
Antes de que Anfitrión regresara a Tebas, Zeus se presentó una noche y, haciéndola durar como tres, yació con Alcmena en figura de Anfitrión y le relató lo sucedido con los teléboas. Cuando llegó Anfitrión y vio que su mujer lo acogía sin entusiasmo, le preguntó el motivo, y al decirle Alcmena que a su regreso la noche anterior ya se había acostado con ella, Tiresias le aclaró que la unión amorosa había sido con Zeus. Alcmena concibió dos hijos, de Zeus a Heracles, mayor en una noche que Ificles, habido de Anfitrión.
le arrojó una clava que tenía en las manos, la cual, rebotando en los cuernos, fue a parar a la cabeza de Electrión y lo mató. Esténelo se valió de ello como pretexto para expulsar a Anfitrión de todo Argos y adueñarse del trono de Micenas y Tirinto; mandó llamar a los hijos de Pélope, Atreo y Tiestes, y les entregó Midea.Anfitrión con Alcmena... llegó a Tebas, donde, purificado por Creonte... Alcmena dijo que se casaría con Anfitrión después que fuera vengada la muerte de sus hermanos, y Anfitrión, habiéndoselo prometido, se aprestó a luchar contra los teléboas, e invitó a Creonte a ayudarle....
Antes de que Anfitrión regresara a Tebas, Zeus se presentó una noche y, haciéndola durar como tres, yació con Alcmena en figura de Anfitrión y le relató lo sucedido con los teléboas. Cuando llegó Anfitrión y vio que su mujer lo acogía sin entusiasmo, le preguntó el motivo, y al decirle Alcmena que a su regreso la noche anterior ya se había acostado con ella, Tiresias le aclaró que la unión amorosa había sido con Zeus. Alcmena concibió dos hijos, de Zeus a Heracles, mayor en una noche que Ificles, habido de Anfitrión.
Afirman que de Dánae, hija de Acrisio, y Zeus nació Perseo; y unida a éste, Andrómeda, hija de Cefeo, engendró a Electrión; a continuación Eurídice, hija de Pélope, se casó con él y dio a luz a Alcmena, a la que se unió a su vez Zeus gracias a un engaño y engendró a Heracles. Así, pues, se dice que su línea genealógica remonta, por parte de sus dos progenitores, al más grande de los dioses, de la manera que hemos indicado. Las virtudes que le adornan se han considerado no sólo a partir de sus hazañas, sino que ya antes de su nacimiento le han sido reconocidas. Porque, cuando Zeus se unió a Alcmena, triplicó la duración de la noche y, por la magnitud del tiempo que se empleó en la procreación, presagió la fuerza extraordinaria del que iba a nacer. Y no tuvo en absoluto esta relación para satisfacer un deseo erótico, como ocurrió en el caso de otras mujeres, sino más bien por el placer de la procreación. Por ello, puesto que quería legitimar aquella unión, no optó por el uso de la violencia, ni tampoco confió en persuadir a la mujer, a causa de su decencia; así que se decidió por el engaño para seducir a Alcmena y tomó completamente la apariencia de Anfitrión.
Heracles niño se enfrenta a las serpientes, Reynolds
Mas él irguió derecha la cabeza y por vez primera trabó combate, sujetando con sus dos manos, sin escapatoria, por los cuellos a las dos serpientes. El tiempo que así ahorcadas estuvieron hízoles exhalar el aliento de sus indescriptibles cuerpos. Entonces un insoportable pavor petrificó a todas las mujeres que atendían al lecho de Alcmena. Incluso ella misma, incorporada de la cama por su pie, sin peplo, intentaba defenderse a duras penas de la violencia de los monstruos.
Pronto los capitanes Cadmeos, todos a una, con broncíneas armas concurrieron y Anfitrión llegó blandiendo en su mano la espada, desnuda de vaina, afectado por aguda preocupación, pues a todos por igual nos angustia lo propio, mientras que pronto se descuida el corazón de la desgracia ajena.
Detúvose lleno de asombro de agridulce mezcla, pues había visto el valor inusitado y la fuerza de su hijo. Contradijeron los inmortales las palabras de los mensajeros. Hizo venir a su vecino, el excelso profeta de Zeus altísimo, Tiresias, adivino infalible; éste le reveló, a él y a todo su pueblo, con qué clase de vicisitudes iba a encontrarse su hijo, a cuántas fieras salvajes en tierra firme mataría y a cuántas en el mar. Afirmó que habría de dar la más espantosa muerte a aquel hombre que caminara apoyado en torcida insolencia. Que cuando los dioses en la llanura de Flegra con los gigantes trabasen batalla, éstos, alcanzados por sus flechas, por tierras habrían de cubrir de polvo sus luminosas cabezas predijo. Mas él, luego de obtener, viviendo en continua paz por el resto de los días en feliz morada, tranquilidad sin par y tras recibir por esposa a la floreciente Hebe y celebrar el nupcial banquete con Zeus Crónida cubriría de alabanzas su venerable ley.
Y aquél (Heracles) entonces se dirigió a su auriga, el poderoso Yolao:
“¡Héroe Yolao, el más querido con mucho de los mortales! Sin duda que algún gran pecado contra los Inmortales bienaventurados que habitan el Olimpo cometió Anfitrión cuando llegó a la bien coronada Tebas abandonando Tirinto, ciudad bien construida, tras matar a Electrión por unas vacas de ancha frente.
Acudió a Creonte y a Heníoca la de largo peplo, que le recibieron y le procuraron todo tipo de comodidas, cual es norma para con los suplicantes; y le honraron entonces mucho, de corazón. Vivía ufano con la Electriona de bellos tobillos, su esposa; y en seguida, al cabo de los años, nacimos nosotros, ni en físico parecidos, ni en espíritu, tu padre y yo.
A aquél, Zeus le hizo perder la razón; pues, abandonando su casa y sus padres, se marchó para honrar al impío Euristeo, ¡desventurado! Muchas veces debió lamentarse luego, al soportar su ruina; mas ésta es irrevocable. A mí, por el contrario, un dios me puso terribles trabajos.
Heracles en la encrucijada
Pródico de Ceos, citado por Jenofonte, Memorables II, 21-29
"Cuando Heracles estaba pasando de la niñez a la adolescencia, momento en el que los jóvenes al hacerse independiente revelan si se orientarán en la vida por el camino de la virtud o por el del vicio, cuentan que salió a un lugar tranquilo y se sentó sin saber por cual de los dos caminos se dirigiría. Y aunque se le aparecieron dos mujeres altas que se acercaban a él, una de ellas de hermoso aspecto y naturaleza noble, engalanado de pureza su cuerpo, la mirada púdica, su figura sobria, vestida de blanco. La otra estaba bien nutrida, metida en carnes y blanda, embellecida de color, de modo que parecí más blanca y roja de lo que era, tenía los ojos abiertos de par en par y llevaba un vestido que dejaba entrever sus encantos juveniles. Se contemplaba sin parar, mirando si algún otro la observaba, y a cada momento incluso se volvía a mirar su propia sombra.
Cuando estuvieron más cerca de Heracles, mientras la descrita en primer lugar seguía andando al mismo paso, la segunda se adelantó ansiosa de acercarse a Heracles y dijo: " te veo indeciso, Heracles, sobre el camino de la vida que has de tomar. Por ello, si me tomas por amiga, yo te llevaré por el camino más dulce y fácil, no te quedarás sin probar ninguno de los placeres y vivirás sin conocer las dificultades. en primer lugar, no tendrás que preocuparte de guerras ni trabajos, sino que te pasarás la vida pensando qué comida o bebida agradable podrías encontrar, qué podrías ver u oír para deleitarte, qué te gustaría oler o tocar, con qué jovencitos te gustaría más estar acompañado, cómo dormirías más blando, y cómo conseguirías todo ello con el menor trabajo. Y si alguna vez te entra el recelo de los gastos para conseguir todo eso, no temas que yo te lleve a esforzarte y atormentar tu cuerpo y tu espíritu para procurártelo, sino que tú aprovecharas el trabajo de los otros, sin privarte de nada de lo que se pueda sacar algún provecho, porque a los que me siguen yo les doy la facultad de sacar ventajas por todas partes".
Dijo Heracles al oír estas palabras: " Mujer, ¿cuál es tu nombre? Y ella respondió: " Mis amigos me llaman Felicidad, pero los que me odian, para denigrarme, me llaman Maldad".
En esto se acercó la otra mujer y dijo: "Yo he venido también a ti, Heracles, porque sé quiénes son tus padres y me he dado cuenta de tu carácter durante tu educación. Por ello tengo la esperanza de que, si orientas tu camino hacia mi, seguro que podrás llegar a ser un buen ejecutor de nobles y hermosas hazañas y que yo misma seré mucho mas estimada e ilustre por los bienes que te otorgo. No te voy a engañar con preludios de placer, sino que te explicaré cómo son las cosas en realidad, tal como los dioses las establecieron. Porque de cuantas cosas buenas y nobles existen, los dioses no conceden nada a los hombres sin esfuerzo ni solicitud, sino que, si quieres que los dioses te sean propicios, tienes que honrarles, si quieres que tus amigos te estimen, tienes que hacerles favores, y si quieres que alguna ciudad te honre, tienes que servir a la ciudad; si pretendes que toda Grecia te admire por tu valor, has de internar hacerle a Grecia algún bien; si quieres que la tierra te dé frutos abundantes, tienes que cuidarla; si crees que debes enriquecerte con el ganado, debes preocuparte del ganado, si aspiras a prosperar con la guerra y quieres ser capaz de ayudar a tus amigos y someter a tus enemigos, debes aprender las artes marciales de quienes las conocen y ejercitarte en la manera de utilizarlas. Si quieres adquirir fuerza física, tendrás que acostumbrar a tu cuerpo a someterse a la inteligencia y entrenarlo a fuerza de trabajos y sudores".




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